lunes 28 de noviembre de 2011

Un buen libro para leer este verano


Por Noelia Luján Villar



“El curioso incidente del perro a medianoche” está narrado a través de los ojos de Christopher, un chico de 15 años con necesidades especiales, aunque las necesidades especiales, según él, no existen, ya que todos tenemos alguna.
Christopher se propone escribir un libro policial, arrancando desde un hecho que marcaría su vida: el hallazgo del perro de una vecina ahorcado en su propio jardín. Entonces, comienza a investigar y tomar nota en un cuaderno, hasta que un día logra descubrir no solo quién fue el asesino, sino también la verdad con respecto a la muerte de su madre.
Christopher adora los objetos de color rojo, y detesta las cosas amarillas o marrones. Tiene un interés especial por todo lo que es ciencia y una facilidad sorprendente para la matemática. Sin embargo, el hecho de realizar simples actos de la vida cotidiana (como tomar un tren o viajar en subte) hace que entre en crisis. Tampoco tolera los lugares llenos de gente ni deja que nadie lo toque (usa para protegerse una navaja del Ejército Suizo). Otro detalle, es que tiene fascinación por los números primos, por eso su novela está enumerada de esa forma.
El libro está lleno de gráficos explicativos de diferentes situaciones que se dan tanto en el mundo como en la cabeza del chico, y de reflexiones tiernas y llenas de emoción.
¡Un libro imperdible que se lee en una semana! Su autor, Mark Haddon, es para mí un hombre de una inteligencia sin igual.

lunes 21 de noviembre de 2011

Los e-books todavía no atraen a los argentinos


Según un reporte de PwC, los e-books generarán ganancias por US$12.339 millones a nivel global y US$54 millones en Latinoamérica en el año 2015. En Argentina, no generarán ganancias superiores al millón de dólares hasta el 2014.

BUENOS AIRES, 29 de julio de 2011.- Los libros impresos generan el 97,4% de los ingresos por ventas de la industria global de libros educativos y de consumo masivo (ficción y no ficción), mientras que los e-books aportan tan sólo el 2,6% restante. Éste y más datos se desprenden del reporte global “Perspectivas en la industria de los Medios y el Entretenimiento”, en el que PwC realiza previsiones del sector hasta 2015.

Sin embargo, debido a la creciente digitalización de las plataformas, la tasa de crecimiento del mercado digital será muy alta (34,7% promedio anual hasta 2015) y la del sector impreso significativamente más baja (0,2% por año si se contempla el mismo período). Así, se estima que los libros impresos seguirán liderando el sector en 2015 (generando el 87,3% de las ganancias para ese año), pero que los libros electrónicos también harán su aporte (US$12.800 millones, es decir, el 10,3% del valor que generaría la industria global en 2015).

En Latinoamérica se estima que las inversiones en libros electrónicos serán inferiores a los US$500.000 dólares hasta el año 2011. No obstante, como la digitalización es más rápida en los países en desarrollo, para el año 2012 se esperan ganancias de US$2 millones y, en 2015, de US$54 millones. Esto quiere decir que se multiplicarán 26 veces en tan sólo 3 años, dato que obviamente está relacionado con el hecho de que el acceso a Internet móvil aumentará más del 400% en la región y que se duplicarán los hogares con banda ancha para el mismo período. Pero, a pesar de que los resultados indican que comienza una nueva tendencia, todavía son muy pocos los lectores digitales, ya que con este increíble crecimiento augurado los e-books aportarían tan sólo el 1,5% de las inversiones en el sector para el año 2015.

En Argentina, las inversiones en la industria editorial en su conjunto sumaron US$175 millones en 2010, y para el año 2015 serán de US$216 millones: US$102 millones generadas por los libros educativos impresos, US$1 millón por los libros educativos electrónicos, US$110 millones por los libros de consumo masivo y US$2 millones provenientes de los e-books de consumo. Así, queda en evidencia que Argentina será el mercado de mayor crecimiento de América Latina en la industria a la que se hace referencia, aunque la era digital todavía es una realidad muy lejana a nuestro país.


Nota: Los valores “0” representan ganancias de menos de US$1 millón.

Este fenómeno obviamente tiene que ver con que está previsto que aumente la popularidad de los tablets, e-readers y smartphones, sobre todo cuando bajen sus precios y sean más accesibles para la sociedad en su conjunto, ya que estos dispositivos facilitarán las ventas de e-books.

El estudio de PwC también destaca que los vendedores de e-books deberán encarar problemas similares a los que actualmente se enfrentan los empresarios discográficos, especialmente en lo referido a la piratería. Entre otras cosas, deberán adaptarse a los nuevos canales y plataformas y tener en cuenta los asuntos legales que giran en torno a los derechos de los contenidos digitales. Además, uno de los principales desafíos será convencer a sus lectores de que paguen un determinado precio, tarea que no será fácil porque los cibernautas están acostumbrados a descargar contenido, a veces de muy buena calidad, gratuito o a muy bajo precio. Para ello, será necesario que ofrezcan diferenciarse y, de acuerdo al reporte, los valores que los clientes están dispuestos a financiar son: la calidad de los productos y servicios, la vivencia de una experiencia, la conveniencia sobre otros por alguna característica específica, la participación en su desarrollo o la personalización, y el privilegio o la exclusividad.

Fuente: Price Waterhouse

domingo 23 de octubre de 2011

Un libro aclara las dudas de los argentinos con el idioma


Es un trabajo de la Academia Argentina de Letras, hecho a partir de consultas recibidas. Señala algunas particularidades del lenguaje local, como usar “video” y no “vídeo” o escribir “fugaza”.


Por María Paula Bandera



Sería un buen ejercicio que en base a lo que lee en esta nota, trate de encontrar el error lingüístico de esta oración; pero si no lo logra, podrá consultar el Diccionario argentino de dudas idiomáticas (DADI), que ya llegó a las librerías.

La obra, un trabajo de la Academia Argentina de Letras, se nutre de algunas de las entradas que figuran en el Diccionario Panahispánico de Dudas (DPD) –aquellas que son comunes a toda la región lingüística– y prescinde de las dudas que son exclusivas de otros países; por ejemplo, la palabra “ gilipollas ” que se utiliza para designar a alguien tonto o idiota, solo se aplica en España, y por lo tanto, no aparece en el diccionario local. Esta operación da como resultado “una obra de menor volumen (500 páginas frente a las casi 900 del DPD) manuable y fácilmente portátil en el portafolio del caballero o en la cartera de la dama”, señala Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras.

En el rubro culinario, por ejemplo, las diferencias entre las dudas recogidas en el DADI y en el DPD son notorias. Para consultar cómo se escribe fugaza o fusili (así, se escriben así) deberá recurrir al diccionario local, mientras que si busca saber qué es el grog (una bebida de agua caliente azucarada y licor) encontrará la respuesta en la versión panhispánica.

A la hora de nombrar países o regiones también hay diferencias: el DPD registra la palabra Falkland como una opción para referirse a las Islas Malvinas, mientras que en la interpretación local solo figura Malvinas, ya que, como señala Barcia, “Para un argentino no hay dudas de que las islas se llaman Malvinas, como originalmente fueron bautizadas. Aceptar otra designación es un caso de colonialismo toponímico”.

Además de suprimir dudas que no son habituales para los argentinos, el DADI se destaca por incluir alrededor de trescientas dudas que sí se presentan con frecuencia por estos pagos. Entre las más comunes figuran casos de concordancia, el uso de locuciones adverbiales y preposiciones, las conjugaciones de verbos irregulares y el significado de determinadas voces.

Barcia ejemplifica con algunos de los errores típicos de los hablantes argentinos: “‘Bajo este punto de vista’: nuestro hablante suele ver el punto de vista como un techito que lo cobija”, dice Barcia; lo correcto, en este caso, sería: “Desde este punto de vista”. Otros errores frecuentes: “Tengo un hambre negro”, suele escucharse, olvidándose de que el sustantivo ‘hambre’ es femenino. O: “Mi cónyugue”, en lugar de “cónyuge” (atados al mismo “yugo”: el matrimonio).

Las dudas que aparecen en el Diccionario son reales, ya que se trata de consultas que la Academia Argentina de Letras recibe a diario por correo electrónico. Además de basarse en ese registro, el Diccionario se nutrió de “buenos libros de la especie como el DPD; el clásico Dicionario de dudas y dificultades de la lengua española , de Manuel Seco, los de José Martínez de Souza o los de Manuel Rafael Aragó, entre otros”, apunta Barcia.

Este trabajo, cuentan los autores en el prólogo, tuvo un punto de partido a mediados de los años ochenta, cuando una serie de notas periodísticas dio a conocer el trabajo que hacía el servicio de consultas telefónicas de la Academia de Letras. Con la difusión de esta tarea, la cantidad de consultas se multiplicó por diez y se diversificaron los consultantes: además de los habituales correctores, empezaron a llamar periodistas, agencias de publicidad, docentes y estudiantes.

Con el material generado, a comienzos de los años noventa la Academia confeccionó unos folletos que empezó a distribuir en actos públicos. Eran hojas impresas donde aclaraba algunas de las dudas más difundidas entre los argentinos. En 1992, juntaron esos folletos y se publicó un libro de Dudas idiomáticas frecuentes.

“Ese volumen impreso se constituyó así en el primer diccionario de dudas editado por una academia de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE); pequeño, pero con el ADN de la especie”, cuenta Barcia.

Las dudas y errores son motivo de celebración, ya que a base de ellos se aprende. “Es altamente positivo que nuestros hablantes tengan dudas, ello señala que hay conciencia y preocupada responsabilidad por hablar correctamente la lengua común”, agrega Barcia.

Y si todavía no encontró el equívoco del comienzo, le damos una ayuda hasta que compre el diccionario: la respuesta al acertijo está unos pocos renglones arriba.



Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/libro-aclara-dudas-argentinos-idioma_0_575942488.html#.TqAyos4a8dQ.gmail
Foto: El Ángel del Libro

sábado 17 de septiembre de 2011

A ver si los libros muerden o no

El Ministerio de Educación presentó una encuesta que arranca el lunes para determinar cuánto, quién y cómo se lee en el país. Y cuál es la relación de los adolescentes con la lectura. Junto a Sileoni, en el acto estuvo Horacio González.

Cómo y cuánto se lee, qué tipo de lectura eligen los argentinos y cuál es la relación de los adolescentes con esta práctica son algunos de los interrogantes de una encuesta nacional que se realizará en todo el país desde el próximo lunes 19.
Los primeros resultados de la encuesta se conocerán antes de fin de año y se podrán comparar con la medición que se hizo en 2001, que reveló que “un tercio de la población no leía o leía muy poco” y que había una relación directa “entre lectura y nivel socioeconómico”. En aquel momento, el estudio lo hizo una consultora privada; ahora lo harán dos universidades nacionales: la de Lomas de Zamora y Tres de Febrero.
“Las naciones se estructuran a través de prácticas como la lectura”, dijo Horacio González, director de la Biblioteca Nacional e integrante del Consejo Nacional de Lectura, durante el lanzamiento de la iniciativa que tuvo lugar en el Ministerio de Educación. González destacó que “esta es una investigación del estado de la lengua de un país que, mutable, estratificado, plural y sometido a un trato cotidiano de los medios de comunicación, es motivo de reflexión permanente”.
La medición fue elaborada por el Consejo Nacional de Lectura, organismo interministerial que se creó en septiembre de 2010 para fomentar esa práctica y otros consumos culturales.
“Esta vez, la población a encuestar será más amplia, se les preguntará a personas desde los 12 años en adelante, lo que hará que conozcamos más sobre lo que ocurre con los adolescentes”, dijo Margarita Eggers Lan, directora del Plan Nacional de Lectura, del Ministerio de Educación.
En esta oportunidad se medirá la lectura de los niños como práctica del hogar, el alcance de las políticas públicas de promoción de la lectura, y el impacto de soportes digitales, un tema poco explorado hace 10 años.
Los encuestadores presentarán una credencial y una carta de presentación donde figurará un número de teléfono para aquellos que quieran constatar la veracidad de la visita, antes de contestar el cuestionario.
La encuesta de 3600 casos buscará saber si se leen diarios, revistas, con qué frecuencia y en qué soporte; y cómo, en este universo de lecturas, se inserta el libro. Además, se indagará por los libros que hay en el hogar, cantidad y tipo; si se accede a ellos a través de la compra y si el grupo familiar tiene vínculos con bibliotecas o librerías. También se consultará sobre los motivos de elección de una determinada lectura y el uso de la PC en el hogar.
En 2001, la encuesta reveló que el 47 por ciento de la población de 18 años y más leía diariamente, al menos durante 15 o 20 minutos de manera continua, diarios, revistas, libros u otros materiales, mientras que el 20 por ciento sostuvo que sólo lo hacía algunos días a la semana.
En tanto, “un tercio de la población no leía o leía muy poco: el 19 por ciento dijo que leía “de vez en cuando” y el 14 por ciento reveló que “nunca lo hacía”. La medición mostró además que no había diferencias significativas por edad y género en la frecuencia de lectura, pero en cambio, fue clara la correlación entre lectura y Nivel Económico Social (NES).
La encuesta se basará en 600 casos por cada una de las regiones en que se divide el país: NEA, NOA, Cuyo, Patagonia, Centro, provincia de Buenos Aires y ciudad de Buenos Aires. Los encargados de realizar las encuestas y procesar los datos son las universidades nacionales de Tres de Febrero y Lomas de Zamora.
El ministro de Educación, Alberto Sileoni, que encabezó el lanzamiento de la encuesta, recordó que la medición de 2001 fue realizada por una consultora privada. “En esta oportunidad ese trabajo está en manos de nuestras mejores consultoras: las universidades”. “Creemos en el Estado como promotor de la lectura”, dijo Sileoni, quien explicó que “ahora retomamos lo hecho en 2001 para indagar cómo leen los chicos, qué eligen, cómo es el vínculo con Internet, entre otros temas”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-176976-2011-09-17.html

miércoles 7 de septiembre de 2011

Libros y matones

Por Alberto Amato (periodista)

No debe haber nada más incongruente y disonante que un guardia de seguridad en una librería. La verdad, un matón que te mira y ladra como un pitbull en un ámbito en el que reinan las palabras y el pensamiento, es como un marinero del Volga con tutú, no me digan.
Un comprador de libros es, ante todo, un esperanzado. Un guardia, ante todo, ve una esperanza y echa mano al revólver.
Está bien, cada cual hace lo suyo. Pero no juntos.
Sin embargo, las principales librerías porteñas han adosado a su ya escaso personal de ventas un guardia de seguridad, que lo primero que hace cuando entrás es decirte que no podés pasar si no te sometés a sus antojos.
El otro día, en una concurrida librería de la calle Florida, el energúmeno de turno obligaba a una mujer ya mayor a que dejara su cartera en unos cajoncitos deprimentes que quitan espacio a los estantes con libros. La mujer, con ironía, le decía al pesado: “Hijo, en mi cartera tengo la billetera. ¿Cómo voy a pagar después los libros?”. El monstruo ni se inmutó: “Lleve la billetera en la mano, señora”. Y la mujer, mientras emprendía la retirada: “Ah, sí… ¿Y cómo hojeo los libros con la billetera en una mano y los anteojos en la otra?”. En otra librería de la avenida Santa Fe, el cateto de costumbre pretendía que yo dejara en esos roperitos mi bolso con la laptop, que anda por los tres mil pesos, y todos los archivos de mi vida, porque pensaba que yo podía robar un libro de ochenta pesos.
Los viejos libreros porteños sabían quiénes, cómo y dónde robaban libros. Nunca se usaron bolsos, ni carteras, ni portacomputadoras. El buen ladrón de libros siempre huía con los ejemplares escondidos entre las ropas, y los libreros los calaban y les cortaban el chorro.
Claro que eso era antes, cuando había libreros y no vendedores de libros como los de hoy , a los que les pedís una novela de Patricia Highsmith y te preguntan: “¿Cómo se escribe?” Yo opté ya por comprar mis libros donde no haya energúmenos.
Todavía quedan librerías y libreros a quienes los vendedores de libros deberían imitar, si pueden. Y un consejo para los chicos de la seguridad: muchachos, garren lo libro que no muerrrrden.

Fuente: http://www.clarin.com/opinion/Libros-matones_0_530947066.html

martes 19 de julio de 2011

Acerca de Yo también tuve una novia bisexual de Guillermo Martínez

Por Edit Marinozzi

Desde el título, Guillermo Martínez nos está diciendo: “vas a leer una novela sobre sexo, pero no la voy a contar como la contás vos, ni cómo te la cuentan”.

El protagonista/ narrador es un escritor y profesor argentino de 39 años, que llega a una universidad del sur de los Estados Unidos para dar un curso de literatura en español, y el primer día queda encandilado con una alumna: “Catorce ojos me miraron con curiosidad, pero yo únicamente la vi a ella, y aparté enseguida la mirada, alarmado y feliz. Había visto, en un relámpago, todo, y sabía que no podía volver a mirarla porque estaría irremediablemente perdido”. Es el inicio de una relación apasionada. Una relación sexual que se va escalonando hasta convertirse en una historia amorosa. “Me tentaba hablar con cierta naturalidad; esa fue gran parte del trabajo de la novela: poder hablar del sexo en una dimensión integral en la que por supuesto entra el amor, pero también cierta sordidez, algún humor, todo de un modo más natural”, dijo Martínez en la presentación de la novela en Eterna Cadencia.

También desde ese primer día de clase aparece un tema paralelo: el de los recuerdos y la memoria, cuando la hermosa alumna traduce el epígrafe del primer texto del curso, que está escrito en inglés: “No se puede recordar el pasado tal como fue”. Enseguida, el profesor decide que va a tomar como lección para sí una frase de Marcel Proust que tenía preparada para los alumnos, y que la descarta para ellos porque los considera demasiado jóvenes: “La vida se me aparece como una sucesión de períodos en cada uno de los cuales, al cabo de cierto tiempo, desaparece todo rastro del precedente”. Por eso comienza a escribir el Diario de Jenny: “Me proponía –esto sí puedo recordarlo– escribir a ras de su piel, en el territorio blanco, salado y tirante entre el vello de su pubis y los montículos suaves de sus pechos y en la escala milimétrica donde se confunden los ojos y la lengua”.
La memoria y los recuerdos van apareciendo de manera subyugante para nosotros, los lectores, cuando va atrás, atrás, en el tiempo –Sarmiento, las lecciones escolares– como manera de prolongar los placeres previos al goce final.

Un escenario, el del campus, el mismo de Crímenes Imperceptibles, novela de la que aquí hay muchas referencias. Por su enclave en una pueblito de Alabama, el sur profundo, en este campus son más visibles las pequeñas miserias, los prejuicios, las diferencias raciales. La condición de extranjero/sudamericano del protagonista le permite ver lo que para los nativos está naturalizado. “En la oficina de migraciones me habían puesto el sello de ‘hispánico’, en vez del ashkenazi que yo hubiera alegado.” Y con ese sello, por supuesto, será mirado él.

Otro tema que aparece es el de la teoría literaria. La conferencia que prepara para otra universidad es el recurso para hablar del lenguaje interior, los “apuntes mentales” que un disertante va tomando antes de definir su texto, o su power point: recuadro uno, recuadro dos, recuadro tres. Pasa después a describir su teoría sobre los “refinamientos dicotómicos”, en la que sostiene que no sirven los adjetivos opuestos para juzgar a una novela, sino que necesitamos un refinamiento constante de esas dicotomías. Aunque la elaboró especialmente para la novela, deja constancia en el apartado “Agradecimientos”, al final del libro, que la discutió personalmente con Tzvetan Todorov, cuando el escritor búlgaro que vive en Francia visitó Buenos Aires en 2010. (Una idea inspirada en la lectura de las “Observaciones filosóficas” de Wittgenstein, mixturada con “La Crítica de la crítica”, del propio Teodorov).

La historia privada, secreta, que se narra en el diario íntimo, va a tomar un giro inesperado, cuando se produzca el atentado a las torres gemelas del 11-S, un acontecimiento político-social de conmoción mundial.
A partir de allí, conviven esos dos planos que tienen una distancia máxima, el íntimo y el histórico-político. Y ese suceso que cambió la historia, va a repercutir en los amantes, hasta llevarlos a la separación.
A Martínez no le interesa que la trama se doblegue ante el peso de lo político o que refleje una época, sino que el acontecimiento real contribuya a darle coherencia. Le gusta la idea “de que el efecto catastrófico y mundial del acontecimiento histórico” pueda también tocar una relación particular y destruirla. “El efecto mayor al servicio del efecto menor.”
“Los finales felices están terminantemente prohibidos en las actas de las novelas contemporáneas”, le dice el profesor a su alumna-amante. “Amar, temer, partir”, brillante síntesis de la historia a partir de los tres verbos modelo de conjugación regular en español.

La narración en primera persona, un registro habitual en Martínez, está aquí tensado al extremo: nunca aparece el nombre o el apellido del escritor-profesor. Este recurso, “la clave autobiográfica”, es un juego de complicidad con los lectores, que, por un lado, instala la impresión de que es él mismo el que ha vivido los hechos, y por otro, despierta una cercanía que nos hace percibir como verdaderos tanto los hechos, como los sentimientos y las sensaciones. Aunque escriba sobre algo que no sabíamos, el autor, en su creación estética de un mundo, nos hace parte de ese mundo, al que accedemos, felices, con asombro consentido.
Así, es posible pensar que la ficción, como escribió Henry James –a quien Martínez admira– compite con la vida, crea vida, es vida, y que esa vida tiene una autonomía, una estética y un ser propios.

“Yo también tuve una novia bisexual” es, como dice la contratapa, una novela exquisita, la obra de un autor reflexivo y original.

Yo también tuve una novia bisexual
Guillermo Martínez
Planeta
2011
julio de 2011

jueves 21 de abril de 2011

Charla presentación: Diseño gráfico y edición


Llegó una obra fundamental que todo editor y diseñador gráfico debe tener en su biblioteca. Se trata del libro de Juan Cruz Gonella, diseñador gráfico (UBA), quien ha ejercido como docente de la Carrea de Edición de esa misma universidad.

Esta obra da a conocer los tips sobre diseño gráfico que necesita conocer un editor para poder llevarse bien con el diseñador gráfico a cargo del producto editorial y el modo que el trabajo del diseñador gráfico es percibido por el editor.

El libro se presentará en medio de una charla gratuita el día martes 26 de abril a las 10:30 y el miércoles 27 a las 19 horas en Nueva Escuela de Diseño y Comunicación, Callao 67, 2° piso.
Dirigido a: estudiantes, profesionales, creativos.

Más información: edicionesazzurras@gmail.com.