lunes, 20 de abril de 2009

Muere el epistemólogo y filósofo argentino Gregorio Klimovsky


BUENOS AIRES (AFP) - El matemático, filósofo y epistemólogo Gregorio Klimovsky, quien recorrió campos del pensamiento desde la lógica hasta el psicoanálisis, murió el domingo a los 86 años en un centro médico de Buenos Aires por una infección generalizada, informó este lunes una fuente familiar.
Al margen de su múltiple actividad científica, Klimovsky jugó también un papel político clave en la vida del país sudamericano, al integrar en los años 1980 la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). La investigación de la Conadep sobre los crímenes del terrorismo de Estado sirvió de base para la acusación contra los jefes de la última dictadura (1976-1983), que fueron condenados en el histórico juicio civil a las Juntas de Comandantes en 1985.
Hijo de ucranianos que llegaron al país antes de la Primera Guerra Mundial (1914-18) y hombre de gran avidez intelectual, Klimovsky dedicó su vida al estudio del conocimiento y a conjugar las ciencias exactas con las humanas, alcanzando un amplio reconocimiento entre cientistas e intelectuales. "En Argentina no había buenos epistemólogos, por lo que me dediqué (a esta disciplina) de manera autodidacta", confesó alguna vez en una entrevista.
Fue uno de los fundadores de la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico, profesor y decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la estatal Universidad de Buenos Aires (UBA), además de dar clases en la Facultad de Sociología.
Obtuvo premios en Argentina y en el exterior, entre ellos el Premio de Roma de la Asociación Psicoanalítica Internacional (1989) por los significativos aportes realizados en torno de la fundamentación epistemológica del psicoanálisis.

viernes, 10 de abril de 2009

Recomendados de "El Ángel"

Para todos aquellos que deseen ser atendidos por profesionales del diseño web, los invitamos a conocer la propuesta de 6vDesign, una empresa de servicios integrales.

En 6vDesign te ofrecen una gran variedad de posibilidades para el desarrollo de tu sitio web, su gestión y mantenimiento y también para extender la imagen de tu empresa a otros objetos.

El equipo de 6vDesign está compuesto por diseñadores gráficos y desarrolladores de contenido. Su trabajo consiste en ayudar a emprendedores y pequeñas y medianas empresas a obtener su lugar en Internet, a través de la gestión, el diseño y el mantenimiento de un sitio web. Lo que buscan es realizar un producto que se ajuste a las necesidades de sus clientes: les dan una imagen profesional, con un sitio flexible y escalable que luego pueda crecer al ritmo del emprendimiento.

Entre los servicios que presta cuentan:

- Diseño integral de sitios web

- Ampliación y rediseño de sitios- Gestión y mantenimiento

- Identidad profesional y corporativa

- Marketing

Para conocer más sobre 6vDesign los invitamos a ingresar en: www.6vdesign.com.ar.
O contactarse a través del teléfono: (011) 155618 9086.

Editorial Crack-Up invita a la presentación de "La constelación de Andrómeda", de Mariel Manrique



Viernes 17 de abril. Desde las 20hs.

En Librería-bar Crack-Up,
Costa Rica 4767, Palermo Viejo.

Compartiremos vinos, música y literatura.

Participará Fogwill y ,desde México, Liliana Felipe.
La entrada es libre y gratuita. Los esperamos.
Crack -UpLibros - Café

viernes, 6 de febrero de 2009

Vacas flacas y grandes clásicos: cinco novelas para atravesar la CRI$I$

Por Céline Ngi

Se tenía tendencia a decir que la vida no puede aprenderse (más que) en los libros. Sin embargo, un nuevo estudio, llevado por investigadores de la Universidad de Washington, con base en Saint Louis, muestra lo contrario: lejos de desconectar de la realidad, la lectura daría los medios para afrontar ciertas situaciones de la realidad… ¿Qué libros haría falta entonces haber leído para atravesar la crisis de 2009?

Es un artículo de The Guardian el que nos informa sobre este estudio, lanzado por el Departamento de Ciencias Cognitivas de la Universidad de Washington. Exámenes llevados a cabo sobre numerosos participantes han revelado que la lectura, lejos de ser una actividad pasiva, estimula considerablemente la actividad cerebral del lector, en función de los contenidos del libro en cuestión. Por ejemplo, si se hace mención de un personaje que tira de una cuerda, será la región del cerebro que controla nuestros movimientos para tomar objetos la que se encontrará en plena actividad. La lectura permitiría entonces al lector asimilar toda situación encontrada en el relato, para poder reaccionar en la vida real frente a una situación similar. En otros términos, leer las aventuras sentimentales desastrosas de Bridget Jones ayudaría a las mujeres a administrar mejor su vida amorosa…
Tan simple como eso. Si se cree en los resultados de este estudio, leer permitiría mejorar más o menos en todos los dominios: el deporte, la cocina, las relaciones sociales... Se podría entonces imaginar una biblioteca ideal, cuyos libros nos ayudarían a afrontar más fácilmente diversas situaciones. Como el año 2009 se anuncia definitivamente como el año de la crisis, ¿qué libros podríamos leer para sobrellevarla mejor?
He aquí una pequeña selección de novelas que los sumergirán en situaciones de falta de dinero probablemente mucho peores que las de ustedes:

Das Kapital de Viken Berberian

Donde aprenderemos que estar obsesionado por el beneficio puede volverse violentamente contra uno. Novela de elocuente título, Das Kapital sigue las huellas de Wayne, un empresario conectado permanentemente y dispuesto a todo para que sus ganancias aumenten. Una lectura que lo volverá a usted operacional ante las curvas y los gráficos del mercado, pero que le recordará también que no se abusa de esas cosas.

La ruta: Los vagabundos del riel de Jack London

Donde aprenderemos cómo recorrer un país (en este caso, los Estados Unidos) a lo largo y a lo ancho, sin un centavo en el bolsillo. El hambre, la soledad, la clandestinidad: viviremos aquí todas las situaciones atravesadas por el escritor mismo, cuando a los 18 años elige dejar su trabajo para ir a descubrir el mundo. De Jack London, para adentrarnos un poco en la miseria, podremos leer también El pueblo de abajo, testimonio sobre los bajos fondos de Londres, en una época que se nos representa en negro y blanco, y más bien negro que blanco.

Los racimos de la cólera de John Steinbeck

Donde aprenderemos cómo sobrevivir, primero a la ruina, a continuación a la explotación por parte de propietarios inescrupulosos (en este caso, californianos). La novela de Steinbeck redibuja, a través del recorrido de la familia Joad , la gran depresión de los años 30, con la cual la crisis actual ha sido comparada muchas veces. Del mismo autor: Tortilla Flat, crónica de un barrio pobre de Los Ángeles.

En la pobreza en París y Londres de George Orwell

Donde aprenderemos a vivir... con falta de dinero en París y en Londres. George Orwell se encontró durante el período de entreguerras en un galeón sagrado. Sin otra opción más que la de aceptar pequeños trabajos (en un gran palacio parisino, luego en los ferrocarriles londinenses) , trajinar quince horas por día por algunos centavos, con el único consuelo de tener libre el fin de semana siguiente... Los tiempos son duros, arremánguense.

Germinal de Emile Zola

Donde aprenderemos cómo reaccionar frente a malas condiciones de trabajo o a una reducción de salario. En el capítulo de los clásicos, evidentemente es el momento de retomar los Rougon-Macquart, y más particularmente el episodio minero, de manera que podamos decirnos que antes no era forzosamente mejor que ahora.

He aquí entonces qué tener a mano en caso de gran desconcierto. Evidentemente se sabe que en detrimento de toda la credibilidad que implica un estudio científico, no está dicho que la lectura de los libros anteriormente citados no provoque el efecto inverso al que se busca: en lugar de ayudar a ustedes a afrontar la crisis, puede también desplomarlos.


Fuente: http://www.fluctuat .net, 05/02/09, 10:40

martes, 30 de diciembre de 2008

Tres mil documentos inéditos de Hemingway a disposición de los investigadores


Tres mil documentos inéditos del escritor americano Ernest Hemingway (1899-1961), hasta el presente conservados en el museo Finca Vigía de La Habana, serán puestos a disposición de los investigadores en forma digital a partir del 5 de enero próximo, indicó el lunes su directora, Ada Rosa Alfonso.

"Se trata de documentos prácticamente inéditos. Se conocen únicamente algunos que figuran en el libro ‘Hemingway en Cuba’. Pero la mayor parte fueron cuidadosamente conservados en los archivos de Finca Vigía durante más de 45 años", afirmó en el curso de una emisión de televisión.
Finca Vigía, en San Francisco de Paula, conurbano de La Habana, fue la última residencia del autor de "Adiós a las armas", "Por quién doblan las campanas" o "El viejo y el mar".
La vivienda ha sido transformada en museo por acuerdo entre su familia y las autoridades cubanas y conserva especialmente el yate Pilar, en el que Hemingway, apasionado de la pesca, recorría el golfo de México.
Un mes después de su presentación en La Habana, y por donación de Cuba, los tres mil documentos del premio Nobel de literatura 1954 serán puestos a disposición de la Biblioteca Kennedy de Boston, en los Estados Unidos.
El trabajo de digitalización pudo ser realizado gracias a un acuerdo firmado en noviembre de 2002 entre el Consejo Nacional del Patrimonio Cultural de Cuba y el Consejo de Investigación en Ciencias Sociales de los Estados Unidos.
"Pensamos que este proyecto cultural es un ejemplo de lo que pueden ser las relaciones entre los intelectuales cubanos y los norteamericanos", afirmó Margarita Ruiz, presidente del Consejo Nacional del Patrimonio de Cuba.

Fuente: AFP.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Noches de Librerías y Misterios en la Ciudad de Buenos Aires


NOCHE DE LIBRERÍAS

El miércoles 10 de diciembre desde las 20.30, la calle Corrientes entre Callao y Talcahuano será escenario de Noche de las Librerías, un evento que es homenaje a las librerías y los libreros de Buenos Aires. Organiza la Dirección General de Industrias Creativas, a través de su programa de apoyo a la industria editorial local Opción Libros.
Luego de una apertura oficial en el tradicional Bar La Paz, que contará con la participación del escritor Álvaro Abós y de representantes de la industria, el público podrá participar de distintas actividades culturales, además de recorrer y comprar libros en librerías que atenderán hasta la 1 de la madrugada y ofrecerán precios promocionales.
Como invitada especial estará Graciela Borges.
Habrá charlas, presentaciones de libros y mesas redondas en espacios emblemáticos de la Av. Corrientes en los que participarán reconocidas personalidades de la cultura. La programación también dará lugar al teatro, la narrativa, la poesía, la ilustración y –en el cierre– la música, con conciertos de Darío Jalfín y Soledad Villamil.En caso de lluvia, la actividad se traslada al miércoles 17.

En varias sedes
Miércoles, 20.30 hs. Gratis
Av. Corrientes, 1500. Tel:4126-2998
Cómo llegar: Según la ubicación de la sede

NOCHE DE MISTERIOS

El viernes 12 de diciembre a las 20.30, la Vicejefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a través del Programa “Pasión por Buenos Aires”, presenta el segundo encuentro del ciclo “Noches de Luna y Misterio”.

En esta ocasión, el escritor Alberto Laiseca será el narrador de una noche de terror, misterio y fantasía. La puesta incluye un recorrido por los jardines del museo en donde los fantasmas de Ana de Arrieta y Felicitas Guerrero de Álzaga, entre otros, harán viva su historia para contarnos por qué sus almas siguen vagando por las oscuras calles de Buenos Aires.

Un gran despliegue, en el que la iluminación, la música y los actores que se entremezclan con el público son los condimentos que harán de estas noches de cuentos de terror y misterio de la ciudad, un excelente programa para no perderse.

Museo Enrique Larreta
Viernes, 20.30 hs. Gratis
Juramento, 2291. Tel: 4783-2640
Cómo llegar: colectivos 44, 55, 60, 63, 64, 65, 80, 113, 114, 118.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Un asado en la biblioteca


Una discreta visita en una librería de avenida Santa Fe. Un inolvidable asado rodeados de libros prohibidos y una generosa entrega de su biblioteca personal para las nuevas generaciones. Así recuerda Horacio Tarcus a José Luis Mangieri, poeta y editor fallecido la semana pasada a los 83 años.

Por Horacio Tarcus

No me acuerdo si fue a fines de 1980 o principios de 1981. Laura Klein me preguntó si quería acompañarla a la Librería Finnegans de la Avenida Santa Fe. Había pasado por allí días atrás buscando un libro de Horacio Pilar, un poeta argentino entonces exiliado en el Brasil, y le habían dicho que volviera otro día, porque el dueño de la librería, José Luis Mangieri, que en ese momento no estaba, había conocido a Pilar y podría darle información.

–Mangieri, ¿el editor de La Rosa Blindada? Laura, ¡es imposible! Si hablamos de la misma persona, debería estar desaparecido, o exiliado, o muy bien guardado, no accesible en una librería de la Avenida Santa Fe...

La Librería Finnegans, especializada en literatura, psicoanálisis y filosofía, era regenteada por Cuca, su ex mujer, y atendida por un estudiante de filosofía llamado Jorge, pero Mangieri solía ir de visita por las tardes. Y esa tarde de fines del 80 o inicios del 81 nos dirigimos a Finnegans y tuvimos la suerte de encontrarnos con José Luis Mangieri. Era por entonces un cincuentón flaco, ojeroso, con un ligero estrabismo que le daba cierto aire distraído y con un pelo lacio que se empeñaba en peinarse para atrás pero que a fuerza de rebelarse le terminaba cayendo sobre la cara. Allí no hizo gala del humor y el desparpajo que después le conocimos: contrariando su naturaleza más profunda, en la librería estaba más o menos compuesto y hablaba en voz baja.
Laura le consultó por el libro de poemas. Mangieri no recordaba que Pilar hubiese reunido sus poemas en un libro, pero quedó en averiguar mejor.

–¿Y cómo una piba como vos descubrió a un poeta medio secreto como Pilar?
–Bueno, leí unos poemas suyos en una revista de los 60, Anthropos, y me interesaron mucho...
–Ajá.

Yo aproveché la ocasión y le pregunté, con la mayor de las cautelas (todavía estábamos en dictadura) por un librito de un marxista italiano, Paolo Chiarini, que había visto anunciado por las ediciones de La Rosa. Su título, La vanguardia y la poética del realismo, no era imposible de pronunciar en una librería durante aquellos años, años que nos enseñaron a establecer con mucha precisión cuáles eran los límites entre lo que se podía y no se podía pronunciar en un espacio público. Jamás hubiera pedido abiertamente un libro cuyo título incluyera las palabras “marxismo”, “lucha de clases”, o “imperialismo”, pero sí era posible solicitar, en el límite, uno que hablase de estética realista y vanguardias artísticas. Quien conocía el código, no tardaba en descifrar qué buscaba su interlocutor.
Mangieri no me miró, me escudriñó. Y, sin quitarme los ojos de encima, me dijo:

–Escuchame, ¿cómo alguien de tu edad puede saber con tanta precisión lo que anunciaba una editorial hace veinte años?
–Bueno –me defendí, con el tono de quien teme haber roto el juego por hacer una pregunta impropia–, durante todos estos años busqué en librerías de viejo y leí muchos de los libros que usted editó. Y usted tenía la costumbre de poner en una última hoja de cada libro un listado de los volúmenes aparecidos y de los que estaban por aparecer. En una de esas hojas, vi anunciado el volumen de Chiarini...
Mangieri, sin sacarnos los ojos de encima, hizo un silencio de algunos segundos y sin comentar nada del libro de Chiarini, nos dijo:
–Mañana es viernes. ¿Qué tienen que hacer a la noche? Bueno, entonces los espero en casa a comer un asado y vemos si tengo algunos de los libros que están buscando.

Ese viernes llegamos a la casa de Mercedes 936, en el barrio de Floresta. Era la típica casa chorizo porteña: por detrás de la reja de entrada, asomaba un jardín frondoso, selvático; a la derecha, la galería semicubierta; a la izquierda, las habitaciones dispuestas en forma sucesiva. Una vez que traspusimos la puerta de ingreso llegamos al primer cuarto, donde había un escritorio y un sofá que hacía también las veces de cama. A este cuarto lo seguía el living-comedor y después venía el cuarto de su madre (Mangieri, separado hacía poco tiempo, había vuelto a instalarse en la casa paterna, entonces habitada solamente por su madre, ya muy anciana, y su vida se concentraba en aquella primera habitación-escritorio). Al final de la casa estaba la cocina, atiborrada de enseres antiguos, sifones de vidrio en desuso y botellas de Ginebra Llave. Al fondo había otro pequeño espacio verde donde se levantaba la parrilla.
Los libros invadían literalmente todas las paredes de todos los cuartos. Había libros no sólo en las bibliotecas, sino también libros en los pasillos, libros en el cuartito de las escobas y los trastos de limpieza, libros bajo las mesas, libros apilados en el suelo, libros en el cuarto de baño...
Aquí conocimos al verdadero Mangieri, que no era el librero discreto de la Avenida Santa Fe. En su propio hábitat, era un demonio desatado: mientras servía entusiasta el asado y llenaba las copas con vino tinto, desbordaba historias de la vida política, poética e intelectual de los años 60 y 70. Nosotros lo asediábamos con preguntas, pero el relato de Mangieri no siempre se atenía a ellas. No es que no nos escuchara, es que su relato seguía su propio curso imprevisible e irrefrenable. Y muy por el contrario, lejos de no escuchar, registraba todo lo que oía, como si a pesar de su aire distraído fuera capaz de captar, acaso con ese ojo estrábico, una suerte de sintonía íntima en sus interlocutores.
Acaso por primera vez en varios años, aceptando el curioso pacto que este hombre había hecho con la vida y con la muerte, esa noche hablamos libremente de política, de revolución, de organizaciones armadas, de los desaparecidos, de los presos, de los exiliados, rodeados de libros prohibidos que se contaban por miles; hablamos como si no estuviéramos en dictadura, como si no corriéramos riesgo alguno en una casa que era una suerte de polvorín de papel.
Sus relatos invocaban figuras que, a nuestros ojos de recién llegados, eran míticas, legendarias, pero Mangieri las humanizaba al presentarlas a través de innumerables anécdotas y al llamarlas por sus nombres de pila o sus apodos: así, a poco de empezar la conversación, González Tuñón ya era simplemente Raúl, Codovilla era “El Gordo”, Gelman era “Juancito”, Brocato era “El Narigón”... Esa noche desfilaron también en sus recuerdos el Tata Cedrón (ya no el titular del mítico cuarteto, sino el que apenas tenía un trío y había comenzado grabando en el sello discográfico de Mangieri), Mario Roberto Santucho y el mismísimo Che Guevara reuniéndose clandestinamente en Buenos Aires con un grupo de argentinos entre los que, sin lugar a dudas, estaba el propio Mangieri... Buscando por la casa viejos objetos, hurgando entre los recuerdos, los discos, los libros, las revistas que ilustraban lo que nos contaba, nos transportó como un mago, o mejor como un médium, a aquellos años amados y trágicos, vividos con tanta intensidad y que nosotros necesitábamos conocer para poder entender dónde estábamos parados y por qué...
Pero a la noche tarde interrumpió aquel conjuro, al menos esa parte del conjuro, y me dijo:
–Vos estabas buscando libros marxistas. Bueno, revisá la biblioteca con atención y andá poniendo en estas cajas todo lo que te falte.
–Pero, José Luis... –alcancé a balbucear–, yo te pedía algún libro que tuvieras duplicado porque lo habías editado vos, ésta es tu biblioteca personal...
–Mirá, Horacito: esta que ves es la enésima biblioteca que armo en mi vida. Ya no me acuerdo cuántas veces la cana me allanó la casa y cada vez que venía se llevaba cientos de libros... Al principio se llevaban los libros políticos, pero en el 66 tuve el peor allanamiento de mi vida: se llevaron todo, toda la biblioteca, hasta el último papelito... ¡Hasta el reloj, que era un recuerdo de mi viejo, se llevaron! Esa sí que era una linda biblioteca, no sólo de política, de teoría marxista, había de todo: poesía, narrativa, teatro, toda la literatura del Grupo de Boedo, las primeras ediciones de González Tuñón, de Girondo, de Roberto Arlt, de Borges, de Payró... La deben haber hecho guita los muy hijos de puta. Bueno, yo me dije: nunca más vuelvo a armar una biblioteca... Pero viste cómo son las cosas, uno edita libros, los amigos libreros te regalan libros, entrás a una librería de viejo, te tentás y empezás a comprar otra vez... Y esta biblioteca que ves es la que se fue armando, así, estos últimos años, medio a los ponchazos. Así que en la vida los libros van y vienen, la biblioteca un día se reduce, de pronto crece otra vez... A mí me gusta que los libros circulen, yo estas cosas ya las leí en su momento y otras, las que no leí, no sé cuándo las voy a leer... Vos haceme caso, Horacito, subite a esta silla o si hace falta, te subís al escritorio que es más alto, revisá la biblioteca y separá todo lo que te interese. Vos haceme caso, después conversamos.
Trepado a la silla o al escritorio, le pasaba a Mangieri los libros que más me interesaban. El miraba con invariable simpatía lo que yo había escogido, hacía algún comentario sobre el autor, o sobre la edición, e inmediatamente lo acomodaba en las cajas.
–Uy, ¿este libro te vas a llevar? ¡La Revolución Rusa de Rosa Luxemburgo! ¡Qué clara que la tenía esta mina! Este me lo armó el Gordo Pancho. Ah, El estudiantado antiautoritario, de Rudi Dutschke, ¡no dejes de leer este libro! ¿Podés creer que lo teníamos en la imprenta y en Alemania un facho le pegó tres balazos en la cabeza al pobre Rudi Dutschke...? Tuvimos que imprimir la noticia en la retiración de contratapa. ¡Por suerte sobrevivió! Un cuadro teórico y un dirigente de masas, mucho más interesante que Debray, el francesito que encanaron en Bolivia. Bueno, también lo editó a Debray, seguro que vas a encontrar el libro por ahí, llevateló también. ¡Uy, Batir al naziperonismo del Gordo Codovilla! Llevateló, que este libro el PC lo sacó de circulación cuando Perón ganó las elecciones...
Pasaban por mis manos los libros inhallables bajo la dictadura, los autores que tanto queríamos leer: las ediciones de La Rosa Blindada, los Cuadernos de Pasado y Presente, los libros de Siglo XXI, las obras de Marx, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Lukács, Gramsci, Della Volpe, Althusser, Mariátegui...
–No, Horacito, no te ofendás, pero esta edición peruana de las obras de Mariátegui la quiero conservar. Perdoname, ¿no?, pero le tengo un cariño especial.
Mientras yo devoraba la parte política de la biblioteca, Laura hacía su parte, separando sobre todo libros de poesía. Atacada la biblioteca por dos flancos, a eso de las cuatro de la madrugada habíamos llenado dos grandes cajas de cartón.
–Bueno –dijo Mangieri–, es una locura que se lleven este cargamento a esta hora de la madrugada: me dan su dirección que mañana, sábado al mediodía, les mando las cajas a su casa por el remisero de la vuelta, que es de confianza, quédense tranquilos.
La escena se repitió ya no sé cuántas veces a lo largo de casi tres décadas de amistad. Siempre, desde aquella noche memorable en que Mangieri me obsequió lo que iba a ser mi plan de lecturas para los años venideros, siempre que volví a comer un asado a su casa de la calle Mercedes, regresaba con una caja de libros y revistas. Me consta que hizo otro tanto con mucha gente de mi generación.
Algunas decenas de esos libros hoy forman parte de mi biblioteca, así como algunas primeras ediciones de Gelman o de González Tuñón integran la biblioteca de Laura Klein. Pero la mayor parte de lo que nos obsequió Mangieri, cientos de libros, folletos y revistas, hoy forma parte del acervo del CeDInCI. Cuando en abril de 1998 inauguramos nuestro centro, Mangieri acudió entre los primeros. Incluso llegó con un paquete de libros en donación. Vio con satisfacción el traspaso de aquel legado desde una biblioteca particular a un centro de acceso público. También se emocionó con que hubiésemos designado una sala con el nombre de Aricó y otra con el nombre de Brocato, sus grandes amigos de aventuras editoriales y políticas. “Mirá: el Gordo Pancho..., el Narigón.” Pero enseguida me llamó aparte y me advirtió: “Horacito, ni se te ocurra, nunca en la vida, jamás de los jamases, ponerle mi nombre a una sala, a una biblioteca, a un pasillo, ni a una silla, por favor te lo pido, ¿estamos?”
José Luis falleció el pasado sábado 1º de noviembre, a la edad de 83 años, en su casa chorizo de la calle Mercedes. Hubiera querido homenajearlo poniendo su nombre al menos a una sala del CeDInCI, pero, nobleza obliga, me atuve al compromiso contraído diez años atrás. Sin embargo, Mangieri nunca me pidió que no revelara la historia que estoy contando aquí.
Los lectores del CeDInCI seguramente lo ignoran, pero cuando piden La Rosa Blindada o Pasado y Presente, o cuando solicitan un libro de Trotsky, del Che o de Mao, un poemario de Gelman o de Tuñón, con su consulta mantienen viva la biblioteca y la hemeroteca que Mangieri rehízo una y otra vez y conservó durante los años más duros de la dictadura militar, y que una noche de 1980 ó 1981 comenzó a regalar con una generosidad sin par a la generación que tomaba la posta.

Fuente: Radar – Página 12. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-4929-2008-11-11.html
Domingo 10 de noviembre